13 jul. 2009

#2 - Cuento

El tren
Camila Pisani


Era julio, por la mañana en la estación de ferrocarriles de alguna ciudad. Un empleado bancario llamado Cristian, se encontraba por tomar su tren para ir a su trabajo, cuando miró con atención a las personas que estaban enfrente. Miró su reloj y observó que eran las diez de la mañana, hora en la cual parte del tren más importante que lleva a la gran mayoría de la gente a la ciudad donde se desarrolla toda la actividad económica del país. Por alguna razón el tren no llegaba. Pensó que era demasiado raro, siendo su país famoso por la puntualidad de los medios de transporte. En ese momento, llegaba el tren que lo llevaba a su trabajo, pero prefirió dejarlo ir y seguir observando la curiosa situación que pasaba frente sus ojos.

La gente comenzó a impactarse a medida que transcurría el tiempo, los empresarios comenzaban a apoyar los maletines y aflojar sus corbatas, los chicos presionaban a sus madres para ir al baño, los universitarios sacaban sus libros y empezaban a estudiar y los ancianos ocupaban todos los bancos disponibles.

Los boleteros y demás empleados de la línea de ferrocarril no tenían explicación para este extraño caso, simplemente hacían omisión a muchos de los reclamos de las personas que despertaban en la estación y hasta a veces les decían de mala manera que tuvieran paciencia porque era sólo una leve demora. Momentos más tarde, algunos medios de comunicación se amontonaban en las puertas de la estación para obtener la primicia, también algunas esposas o novias para entregarles colchones, comida y dinero ,debido a que, según habían comentado los medios, la espera iba a durar entre 20 y 25 días.

A todo esto, muchos pasajeros se unieron a comisiones y planearon tomar la estación a la fuerza y también el control de la línea ferroviaria para que nunca más un tren se atrasara y generara esta clase de incidentes.

Las comisiones planearon perfectamente todo. Entraron a las boleterías y destruyeron todo papel, sin importar si algún empleado salía herido. Cuando el observador quiso acordarse la violencia se había apoderado de la estación. En ese momento se escuchó la bocina del tren, la gente comenzó a llorar de alegría. Al parecer su misión había concluido con éxito. Todos podían volver a sus trabajos.

Luego de que las personas subieran al tren, Cristian volvió a mirar su reloj. Eran las 10:07 del mismo día pero el daño ya estaba hecho.



Camilia Pisani es alumna de 2do año de Secundaria del Colegio Caraludmé, Batán.

La ilustración pertenece a Micaela Flores, alumna de 2do año de Polimodal del Colegio Carludmé, Batán.

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