2 dic. 2008

#1 - Cuento

EL CURITA VITALINO SUÁREZ
Por Rocío Bessi


Quienes lo conocieron cuentan que fue una persona muy inteligente, pero por las circunstancias de la vida perdió el sentido común, y pasó a ser el “Loco Vitalino” o el “curita”, esto último por su gran fe cristiana.

Cierta vez empezó a construir su propia capilla montada en piedras brutas y sin cemento y, hasta el día de hoy, sus ruinas permanecen. Pero cualquiera que tenga la posibilidad de verla se dará cuenta de lo bien que la estaba llevando a cabo, con un arco de entrada, como si hubiera sido un gran arquitecto.

Cuenta mi papá que cuando era chico los mayores lo usaban como pretexto para asustarlo y todos los chicos le tenían miedo. Pero con el tiempo se dieron cuenta de que era una gran persona que se preocupaba por los niños.

Mi padre recuerda las andanzas de Vitalino, como ir a la estación de trenes a mandarle cartas a la Reina Isabel, las cuales, al ser abiertas, no contenían más que palitos y hojas secas de las plantas.

Por las noches pasaba por las distintas casas y aflojaba los focos de afuera para que no gastaran luz.

Entraba a la fábrica de ladrillos “Palmar” y siempre hacía una de las suyas, como cocinar churrascos en las tapas de los hornos que siempre permanecían calientes, o usar las duchas, lavar la ropa y secarla en las puertas de los mismos.

Siempre tuvo una familia que se hizo cargo de él, cuidando que tuviera un lugar donde dormir y un plato de comida. Esto lo hizo durante mucho tiempo Alfonso Pereyón.

Vitalino hizo infinidad de cosas que a algunos les desagradaba y a otros les daba gracia, pero siempre fueron las suyas travesuras sanas. Como cuando fue zapatero, cosa que hacía muy bien, aunque a veces le ponía media suela de cartón prensado y lustrado a los zapatos y todos admiraban el trabajo, sin embargo, al mojarse el zapato el cartón desaparecía. Y cuando empezó la moda de los suecos él invento los famosos “Elevatis”, que estaban hechos con resortes del taller de Pereyón.

Podemos hacer un libro contando anécdotas de Vitalino.

Cierto día tuvo un accidente (lo atropelló un auto) y falleció. Desde entonces permanecen el respeto y cariño de todo un pueblo, Estación Chapadmalal, que se sintió de luto cuando él nos dejó, a tal extremo que se habilitó una cancha de fútbol, que es el orgullo nuestro, con el nombre de “Estadio Vitalino Suárez”.



Rocío Bessi es alumna de 1er. año de Polimodal del Colegio Caraludmé, Batán, Argentina.

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